17.08.2020

DE LA ATENCIÓN CENTRADA EN LA PERSONA A LA ATENCIÓN CENTRADA EN LA PANDEMIA

Cómo la llegada de la COVID19 colocó a los centros de atención a personas mayores en un nuevo paradigma de atención

El 11 de marzo de 2020 cerramos el centro residencial Cugat Natura a las visitas y las salidas de residentes. Ese fue el primer paso de una serie de acontecimientos que volverían la residencia y nuestras vidas del revés. Sin marcha atrás.

Los medios de comunicación nos hablaban de esta nueva enfermedad llamada SARS-CoV-2. Se decía que había llegado desde China para quedarse entre nosotros y hacía estragos en la población de más edad a quien nosotros cuidamos y atendemos cada día desde hace 8 años.

 

 

LA ATENCIÓN CENTRADA EN LA PERSONA

Nuestra residencia siempre se había caracterizado por ser ABIERTA, con un horario de visitas casi inexistente, salidas libres y espacios amplios por donde los residentes circulaban libremente. El centro es su casa. Su casa y la de sus familias o las personas con las que nuestros residentes deciden compartir sus vidas.

Nosotros, los profesionales, existimos para colaborar con los residentes en aquello en lo que nos necesitan. Los residentes DECIDEN en qué medida podemos hacerles la vida más fácil. La discapacidad o la enfermedad no reducen la posibilidad de tomar decisiones, a pesar de que a veces podamos no estar de acuerdo con la opción que nuestro residente escoge.

Hace años que en el centro y, en general, en todo el sector iniciamos el camino hacia la Atención Centrada en la Persona (ACP). Nos planteamos que el modelo de atención adecuado no debía ser intervencionista y/o paternalista. Debíamos encontrar la fórmula para equilibrar CUIDADOS con FELICIDAD.

Las personas que deciden venir a vivir a nuestra residencia lo hacen para encontrarse un BUEN LUGAR donde vivir, y eso se cumple cuando RESPETAS sus decisiones y estilo de vida, y sobre todo cuando ACOMPAÑAS cuando es necesario.

 

 

LA ATENCIÓN CENTRADA EN LA PANDEMIA

Pero en marzo de 2020 la situación se complicó, y mucho.

La llegada del virus infectó no sólo a las personas que viven y trabajan en los centros residenciales, también “enfermó” el modelo de atención. ¿Cómo aplicar la ACP cuando proteger la vida ha pasado a ser prioridad?

Los residentes han vivido durante casi 3 meses en sus habitaciones, el edificio está totalmente sectorizado, todos los circuitos de actuación y circulación definidos y marcados por el virus. Nos hemos adaptado a la nueva normalidad.

Ahora, a mediados del mes de agosto de 2020, se cumplen 2 meses desde que en el centro no hay casos positivos y hemos podido empezar a recuperar la “normalidad”. Se hace vida en unidades de convivencia por planta, comedores al 30%, siempre con mascarilla, distancia de seguridad, visitas sólo en zonas exteriores y con medidas de prevención, grupos pequeños y los residentes no pueden salir fuera del recinto, entre otras medidas de prevención.

Seguimos priorizando la lucha contra la pandemia a todo lo demás. Se trata de un debate ético entre priorizar la salud física o la emocional.

Durante los momentos más difíciles de la crisis sanitaria la idea de la ACP rondaba mi cabeza cada noche. ¿Dónde queda la opción vital de la persona que vive en el centro? ¿Y si hay quien prefiere correr riesgos antes de vivir confinado?

No nos olvidemos que estamos ante personas que casi alcanzan o superan los 90 años de edad. Han vivido toda una vida. ¿No iba de eso la ACP? De elegir, de asumir riegos conociendo las consecuencias.

Lamentablemente no hemos tenido ni tenemos opción y es cierto que el resto de ciudadanos tampoco han tenido ni tienen muchas opciones.

Muchos medios de comunicación se ensañaron con el sector. La mayoría de voces ponían en duda el trabajo y el coraje de los profesionales que nos hemos dejado la piel en ello, clamando que el modelo de residencia que conocíamos hasta ahora debía cambiar. La mayoría de veces eran palabras vacías, sin contenido, sin definir hacia donde debía dirigirse el cambio.

 

 

¿Y AHORA QUÉ?

Los centros residenciales debemos colaborar y trabajar de forma conjunta con los recursos sanitarios de atención primaria, encontrar la forma de gestionar la crisis sanitaria aunando esfuerzos y objetivos para superar la situación en la que nos encontramos. Esta colaboración debería permanecer en el tiempo, ya que las personas que viven en residencias tienen todo el derecho a ser atendidos a nivel sanitario en los centros cómo lo estarían en su domicilio particular.

El sector debe ser considerado como lo que es, un sector imprescindible para afrontar el envejecimiento de la población, en el que la demanda de sus servicios crecerá de forma muy importante en los próximos años, y como SECTOR ESENCIAL, debe ser una prioridad para las administraciones.

Las voces que hablaban de cambio de modelo, de desandar todo el camino hecho en los últimos años, ¿a qué cambios se referían? Las residencias no son ni pueden ser hospitales, ¿quién quiere vivir para siempre en un hospital?

Las residencias deben seguir siendo LUGARES DE VIDA, DE LIBERTAD, con lo positivo y negativo que comporta ser libre y tomar decisiones.

No podemos olvidar las ventajas y mejoras que ha supuesto el modelo ACP para los centros de atención a personas mayores. Una vez esta crisis sanitaria haya pasado, hemos de volver a trabajar bajo el modelo ACP. Tengo la sensación qué  será como empezar desde algunos años antes del inicio de la pandemia y nos costará recuperar el ritmo que quedó parado en el mes de marzo de 2020.

En beneficios de los residentes, sus familias y todos los ciudadanos que envejeceremos en los próximos años, espero que no se nos haya olvidado el camino al que nos dirigíamos.

 

Natalia Castillo, directora de Cugat Natura Residencia

 

 

 

 

 

Nos planteamos que el modelo de atención adecuado no debía ser intervencionista y/o paternalista. Debíamos encontrar la fórmula para equilibrar CUIDADOS con FELICIDAD.

 

 

 

 

 

 

 

Nosotros, los profesionales, existimos para colaborar con los residentes en aquello en lo que nos necesitan. Los residentes DECIDEN en qué medida podemos hacerles la vida más fácil.

 

 

 

 

 

 

 

 

La llegada del virus infectó no sólo a las personas que viven y trabajan en los centros residenciales, también “enfermó” el modelo de atención. ¿Cómo aplicar la ACP cuando proteger la vida ha pasado a ser prioridad?

 

 

 

 

 

No nos olvidemos que estamos ante personas que casi alcanzan o superan los 90 años de edad. Han vivido toda una vida. ¿No iba de eso la ACP? De elegir, de asumir riegos conociendo las consecuencias.

 

 

 

 

 

 

El sector debe ser considerado como lo que es, un sector imprescindible para afrontar el envejecimiento de la población.

 

 

 

 

 

 

 

Las residencias deben seguir siendo LUGARES DE VIDA, DE LIBERTAD, con lo positivo y negativo que comporta ser libre y tomar decisiones.

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