10.02.2020

VEJEZ Y SEXUALIDAD

La sexualidad humana es el resultado de la combinación de factores biológicos, sociales y culturales que interactúan continuamente. Ella forma parte de la personalidad, constituyendo una forma más de expresión dentro de las relaciones sociales de las personas.

Hablar de sexo, como hablar de la muerte, son temas tabúes en la sociedad occidental donde hemos sido educados con cierta aversión a tratarlos de forma explícita. Desde hace varias generaciones, esta misma sociedad en la que vivimos ha comenzado a minusvalorar las personas ancianas creando este término tan antipático de “tercera edad” y desterrándoles de la vida pública. Entonces imaginad hablar de la sexualidad de las personas ancianas, dos términos que nos incomodan y que normalmente intentaríamos pasar de largo.

Pues eso es precisamente lo que hoy pondremos sobre la mesa.

Todos pensamos que nuestros padres y madres o nuestros abuelos y abuelas son asexuados, carentes de sexo, pero lo cierto es que el ser humano tiene actividad sexual prácticamente desde el seno materno.

Entonces podemos declarar con contundencia que en la edad anciana puede haber una actividad más o menos habitual, teniendo en cuenta una serie de factores intrínsecos y extrínsecos de la edad.

 

Factores extrínsecos que afectan a la sexualidad desde el punto de vista anatómico

Se producen unos cambios anatómicos y fisiológicos debidos a la edad.

En la mujer se produce atrofia de la mucosa de la zona vulvar y pérdida de la fluidificación y por tanto de la lubricidad. Se pierde elasticidad y sequedad de la mucosa genital. En la fase de excitación sexual hay mayor dificultad para la erección clitoriana y las contracciones del orgasmo son de menor potencia y en algunas ocasiones pueden ser dolorosas.

En el hombre la erección es menos potente debido a que los vasos sanguíneos de los cuerpos cavernosos peneanos son menos flexibles, se produce más rápidamente la detumescencia peneana y el período refractario se alarga. Habitualmente la erección suele ser por estimulación directa de los genitales o las zonas erógenas y se pueden producir orgasmos sin eyaculación.

En la mujer encontramos cambios metabólicos debido a la menopausia por la caída de la producción de estrógenos. Aparte de los mencionados cambios a nivel genital, también se produce una disminución de la firmeza de los pechos.

En el hombre se disminuye progresivamente la espermatogénesis y se produce una disminución de la fuerza de eyaculación.

 

Factores extrínsecos que afectan a la actividad sexual en nuestra sociedad

Uno de los principales factores extrínsecos de las personas mayores es de carácter social y tiene relación con la pérdida de la pareja, porqué a medida que envejecemos podemos sufrir la muerte de nuestra pareja. Las mujeres tienen mayor esperanza de vida y, por tanto, encontramos más mujeres viudas en nuestra comunidad. Socialmente, en nuestra educación, no está muy bien visto que una viuda anciana trate de buscar una nueva pareja.

La salud también es un condicionante que determina la actividad sexual, como por ejemplo los enfermos de diabetes mellitus, enfermedades neurodegenerativas o enfermos de artrosis y también el uso de ciertos medicamentos.

El deterioro de las relaciones matrimoniales, la monotonía y los problemas de comunicación que afectan a cualquier pareja también se pueden dar en las personas mayores.

 

Vivir la sexualidad plenamente

Pero también debemos tener en cuenta que durante la vejez existe una mayor experiencia de cualquier vivencia y, lógicamente, también en la esfera sexual. Se entiende mejor la interacción con la pareja, existe una mayor ternura y mucha más sabiduría. Y como en la vejez ya han desaparecido las preocupaciones procreativas, la sexualidad en esta etapa tiene como único fin dar y recibir placer, y desarrollar la capacidad de sentir, disfrutar, amar y ser amado.

No existen pruebas de que el proceso de envejecimiento, por sí mismo, determine una disminución del interés sexual. Lo que se producen son unos cambios en la forma de experimentar y disfrutar de las prácticas eróticas y sexuales diferenciadas de nuestras anteriores etapas como la adolescencia, la edad adulta o inicio de la tercera edad.

 

Sexualidad en la etapa anciana

Acabamos de decir que hay muchos factores asociados al envejecimiento de las personas para justificar la pérdida de interés sexual; factores físicos, enfermedades, factores psicológicos, estereotipos sociales, falsas creencias, miedo, falta de información, entre otros que pueden obstaculizar el disfrute de la sexualidad en la última etapa de la vida.

La realidad, sin embargo, es que hay factores que pueden enriquecer el erotismo de los ancianos ya que están libres de muchas preocupaciones, de carácter profesional, del cuidado de los hijos, no existe la fertilidad, hay mucho tiempo libre para uno mismo y para dedicarse a la pareja. Se puede adoptar un modelo de vida mucho más cómodo y placentero para contribuir a que se vean favorecidas las relaciones sexuales y eróticas de la pareja.

 

Estudios estadísticos

Disponemos de numerosas estadísticas y estudios de poblaciones de mayores de 65 años que demuestran que la actividad sexual se mantiene en un porcentaje considerable de casos después de esta edad. Incluso en poblaciones de mayores de 95 años casi la mitad de las personas siguen interesadas en el sexo y alrededor del 25% mantienen algún tipo de actividad sexual que pueden ir desde besos, tocamientos, caricias estimulantes hasta prácticas más propias de la sexualidad.

Contrastado está que aproximadamente el 80% de los ancianos casados ​​en la sociedad occidental, con pareja estable, de más de 70 años mantienen una actividad sexual de manera habitual con su pareja.

 

Cambios en las prácticas sexuales

Si que es cierto que con la edad cambia el tipo de actividad sexual, teniendo cada vez menor protagonismo la actividad coital y cogiendo mayor preponderancia las actividades de tocamiento mutuo de tipo manual u oral y otras muestras de afecto como las caricias de las zonas erógenas. Aunque la actividad coital se puede mantener dependiendo del estado fisiológico de cada pareja.

 

Conclusiones

Podemos concluir el artículo con las siguientes conclusiones.

El envejecimiento en sí mismo no debe suponer un problema para mantener una buena actividad sexual tanto a nivel individual como dentro de la pareja. La convivencia de la estimación y el contacto físico en todas sus representaciones tanto efectivas como físicas juegan un papel muy importante en esta fase de la vida.

Es importante haber disfrutado de unos hábitos de vida saludables (hacer ejercicio regularmente, mantener un peso adecuado, buenos hábitos alimenticios, etcétera) y haber tenido y disfrutado de un ejercicio sexual satisfactorio, frecuente e intenso para ayudar a alcanzar unas mejores condiciones funcionales en el área sexual y erótica durante la tercera edad.

 

Carles Vinyes, médico de Blau Almeda

 

 

 

 

 

 

Hablar de sexo, como hablar de la muerte, son temas tabúes en la sociedad occidental donde hemos sido educados con cierta aversión a tratarlos de forma explícita.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uno de los principales factores extrínsecos de las personas mayores es de carácter social y tiene relación con la pérdida de la pareja, porqué a medida que envejecemos podemos sufrir la muerte de nuestra pareja.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como en la vejez ya han desaparecido las preocupaciones procreativas, la sexualidad en esta etapa tiene como único fin dar y recibir placer, y desarrollar la capacidad de sentir, disfrutar, amar y ser amado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Numerosas estadísticas y estudios de poblaciones de mayores de 65 años demuestran que la actividad sexual se mantiene en un porcentaje considerable de casos después de esta edad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El envejecimiento en sí mismo no debe suponer un problema para mantener una buena actividad sexual tanto a nivel individual como dentro de la pareja.

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